| Marco. Reflejos de vida pintada (Antonella Iozzo)
Marco. Reflejos de vida pintada. Un recorrido del arte y la memoria a través de los misterios cotidianos, enigmas revelados por Marco en un cuento que nace de la pintura y desemboca en el espectador atraído por la ligereza del signo, fuerza etérea cristalizada en lo absoluto de la intensa sustancia pictórica. Por Antonella Iozzo La voz más íntima de la pintura es la lírica profusión de sonidos modulados por Marco, nombre artístico, en instantes de vida suspendidos sobre las alas del tiempo. Tiempo invisible, fugaz, avaricioso, arrancado por Marco a su esencia para ser devuelto al hombre en la percepción líquida de las emociones pintadas. La cara y el cuerpo de la realidad se descomponen en una anatomía desnuda que nos muestra los laberintos sociales, las geografías del absurdo y los recorridos humanos encrespados por contrastes violentos, en el contrapunto cromático elevado por la tensión emotiva. En Marco disminuye, lienzo tras otro, la frontera entre el elemento individual y el elemento universal hasta que, en el mar amniótico de la persistencia, permanece la sutil huella de un pasado impalpable, mientras más allá del cielo la inmensidad sobrevuela ciudades interiores. Arde la “Aurora” devuelta al mundo como un organismo vibrante de luces y energías, sobre ella se expanden las líneas melódicas del claroscuro, hilos ondeantes en el espacio dilatado de la pintura. Las fisonomías de los pensamientos imprimen sus sombras en nuestro iris, sombras pesadas como esculturas solitarias en la precariedad de la existencia, sombras frágiles como los reflejos dormidos del alma; Marco extrae su fuerza expresiva y comunicativa y la transporta en un magma controlado que encuentra el valor puro de la vida en el espacio infinito. Su búsqueda está dirigida a explorar el tejido conectivo de la materia humana, primer fondo sobre el que aflora un rojo vital que contiene la idea del cosmos, los colores cálidos - desde el naranja al amarillo - parecen sin embargo emerger del vacío como un desarrollo de fragmentos cerebrales en el ritmo sinuoso de las olas sonoras.
La evanescencia del mundo creativo es un momento que se vive dentro de la indefinible música interior, traducida a expresividad de mensajes impalpables y escurridizos, irreales e incorpóreos, a consistencia hecha de sentimiento, de amor, de pasión y de respeto. Las deconstrucciones humanas de la fibra natural en polvareda luminosa devienen en variaciones que nos llevan a pensar con el cuerpo y a tocar con la mente el instante existencial de estas obras. Obras respiradas por Marco en una extrema metamorfosis de la energía en gesto. La multitud de intersecciones que derivan de esto revelan el subsuelo intuitivo de este artista, mientras que sobre el lienzo se mueven diferentes pero estructuradas fusiones. En una evaporación de contenido dos colores decididos y fuertes, rojo y negro, destacan en la sonoridad expresiva del azul de un cielo dispuesto a apagarse en el azul del mar, una referencia a la abstracción, un inicio de figuración y lo informe de toda apariencia perfila su silueta en “Moda colombiana”, y el misterio está resuelto por una sombra clandestina. Profunda, armónica y vibrante superficie que se desborda más allá del marco, aquel límite determinado por el concepto, o quizás al concepto; límite que en este caso no puede existir más allá del cuadro pero que en la pintura de Marco se encuentra dentro y a la vez fuera de ella. Una pintura que corre, que avanza sumergida y suspendida en la luz de las cosas. Nosotros sentimos su fascinación y nos movemos en un “Corazón de Oro”. No se trata de realidad, sino de un sueño, memoria pintada en los colores y en la estética de la conciencia del Arte; en la otra orilla el hombre se encuentra a sí mismo reflejado en el espejo de la inconsciencia. Nunca el espectro de la amenaza ha seccionado con tan lúcida precisión quirúrgica el orden racional del universo en secuencias geométricas del absurdo. “¡Twin Towers forever!” es la noche a la que no sigue el día, la noche donde el tormento muere entre las vísceras de la impotencia. En la obras de Marco lo sonoro y lo visual se atraen y se repelen con un sincronismo que guía su signo. Son apariciones de formas en el dinamismo de la luz reflejada sobre el fondo, son casi diarios íntimos, páginas que recogen el eco del tiempo, mientras la nostalgia sigue a la angustia, el recuerdo persigue al deseo y la melancolía se deshace a lo lejos, hacia un paisaje sentimental, preludio romántico acariciado por una mirada cariñosa. En la simplicidad del conjunto de la composición se esconde una madurez estilística y una sabiduría en el color que desembocan en vetas saturadas de amor y optimismo, en un llamamiento a la libertad y a la espiritualidad de la pintura condensados en referencias a lo onírico, un proceso mental falto de incertidumbre en la materia y desmaterializado en certezas. Un limbo poético cargado de visiones existenciales, donde la percepción es entregada a los símbolos, luz interior a la espera del cambio que nunca llega. Las reflexiones de Marco son reflexiones en pintura para partituras de un espacio sin fronteras, sin reglas, sin glorias, sin reclamos; el sentido de las emociones es el único recurso humano que en la representación de lo invisible expresa su propio ser. Marco traduce su grandeza con gran lucidez, se trata de una fascinación capaz de devolver a la imagen el cuerpo y la fuerza de la realidad. Fuera de ella se encuentra la música silenciosa de la inquietud; dentro, la sonoridad cálida e íntima de la vida palpitante. El equilibrio entre la calma y la ansiedad, entre belleza y negación de la misma es una constante en el momento captado sobre el lienzo, una instantánea de sabor inmortal trasladada fuera del escenario del Arte en un choque frontal con el Universo. A través de los colores de Marco, a través de sus ideas, su ser inspiración como creación de la misma; a través de todo esto la composición es un estadio intermedio entre ir más allá y detenerse en la fluidez de las sensaciones danzantes sobre la piel del cuadro. Sólo aquí la complejidad del pensamiento es una simple extensión en el retrato de la verdad. Un recorrido de arte y de memoria entre los misterios cotidianos, enigmas revelados por Marco en un cuento que nace de la pintura y desemboca en el espectador atraído por la ligereza del signo, etérea fuerza cristalizada en lo absoluto de la intensa sustancia pictórica. En el silencioso espacio de las evocaciones el vaivén de las impresiones es un mágico movimiento alrededor del cual la linfa creativa genera el sueño moderno, y la contemporaneidad aparece en un archivo de estados de ánimo que corren en el filo de los pensamientos. El resultado es un paisaje entretejido por distintas identidades, Marco orienta hacia éste perspectivas imposibles en profundidades sensoriales, en juegos de signos que rompen la sucesión de las formas para reencontrarse después en el ritmo de una línea que delimita el sentir del ser en “Maternitas”. Estratos culturales, gotas de memoria, encrespamientos sociales, arquitecturas mentales, evoluciones concéntricas y segmentos de horizonte nos conducen más allá de las puertas de Oriente. Marco desembarca en China y ahí se convierte en el más apreciado y admirado artista; ahí su entidad pictórica aletea, como hojas llevadas por el viento, por lugares que guardan el valor del tiempo en la preciosidad del presente. Marco logra transmitir la universalidad de su lenguaje en una síntesis expresiva de formas y conceptos pintados como espejismos. Ellos dan la sensación de desvanecerse de un momento a otro al mismo tiempo que liberan su magnética presencia. Un instante de vida pintada entre pasado reciente y futuro. Viernes 14 de marzo de 2008, por Antonella Iozzo www.bluarte.it Traducción: Dra. Flavia Cartoni
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